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¡A comer! ¿Por dónde empezamos? Nutrición infantil I.

La alimentación es uno de los pilares fundamentales en el proceso de desarrollo del organismo de cualquier ser humano. Cabe destacar que alimentarnos no sólo implica ingerir una cantidad de calorías diarias para mantener un balance energético positivo, sino que también supone ofrecer a nuestro organismo aquellos nutrientes que necesita para llevar a cabo los procesos biológicos básicos y asegurar así un adecuado funcionamiento de todos los sistemas que lo componen. Por este motivo, es vital saber alimentarnos adecuadamente, saber seleccionar los alimentos que nos aporten todo aquello que necesitamos, así como comer de forma adecuada y con una rutina establecida, ya que comer no sólo implica nutrirnos, también supone una oportunidad para establecer un vínculo familiar y valorar la disponibilidad y disfrute de alimentos.

Hablar de alimentación nunca es fácil, ya que existen muchas implicaciones y debates en torno a un tema tan cotidiano, básico pero a la par, tan importante. Por este motivo, dividiremos el abordaje de este tema en varias entradas, hoy trataremos las dimensiones más básicas y generales de la alimentación.


La alimentación de 0 a 4 meses: La lactancia.


Desde el nacimiento hasta los 4 meses de edad, el organismo humano necesita un aporte de nutrientes y calorías proveniente exclusivamente de leche, ya que su sistema digestivo no está preparado para procesar otro tipo de alimento. La alimentación del lactante se puede llevar a cabo a través de 3 métodos diferentes: La lactancia materna, la lactancia artificial y lactancia mixta.


Lactancia Materna:


La lactancia materna es una modalidad de alimentación que implica una serie de beneficios físiológicos, emocionales y hormonales exclusivos que ayudan a que el organismo del lactante se desarrolle de forma eficaz y segura. En este sentido, la leche materna ayuda al lactante a trabajar la musculatura facial cuando lleva a cabo la búsqueda del pezón con los labios, así como la conducta de succión. Por otra parte, el sistema inmune de los niños que consumen la leche de materna es más eficiente, siendo más resistente a infecciones. Así mismo, el consumo de leche materna implica una serie de beneficios gastrointestinales de gran interés, ya que la leche materna ayuda a que el proceso de digestión sea más fácil y además, evita el estreñimiento. Por último, a nivel emocional, los niños que ingieren la leche materna directamente del pezón de su madre generan un vínculo madre-hijo consistente y especial, lo que ayuda a que el niño desarrolle sensaciones de seguridad asociadas al su figura de apego materna. A parte de las ventajas mencionadas, la leche materna es una sustancia que se adapta a las necesidades el lactante, por lo que las necesidades del mismo se verán cubiertas de forma más específica en comparación con otras modalidades de lactancia.

Lactancia Artificial:


La lactancia artificial es un método diferente a la lactancia materna o directa. Este tipo de lactancia implica alimentar al lactante con alimentos denominados "fórmulas de inicio", las cuales se componen de leche en polvo (o líquida) de vaca adaptada al consumo del lactante. Esta modalidad implica la preparación del producto, así como su administración a través del biberón. Se deberá prestar atención a las proporciones de líquido y sólido del preparado que indique el fabricante, así como la temperatura del preparado.

Lactancia Mixta:


Este "método" implica utilizar las dos modalidades anteriores, aunque cabe destacar que se puede llevar a cabo de dos formas diferentes. Se Puede llevar a cabo una lactancia mixta alternante, es decir, llevar a cabo una toma de leche materna y la siguiente toma, llevarla a cabo con la leche artificial o una lactancia mixta coincidente, es decir, que en cada toma se lleva a cabo una toma de leche materna y una toma de leche artificial.


Lo ideal y más aconsejable es optar por la lactancia materna por las implicaciones exclusivas que presenta, aunque los métodos que mejor se ajusten a la rutina familiar será los más adecuado, ya que no pasa nada si no podemos ofrecer una lactancia materna en todo momento, estos 4 meses de vida sólo son el principio, así que sigamos.


La alimentación de 4 a 6 meses

La alimentación de 4 a 6 meses implica la introducción de alimentos diferentes a la leche materna o leche artificial, en este momento se comienzan a incluir preparados triturados de diferentes alimentos que se irán incluyendo de forma progresiva para favorecer la adecuada tolerancia de los mismos por parte del sistema digestivo infantil. Los alimentos se incluyen por separado y en cantidades prudentes, espaciando la inclusión de los alimentos cada 7 o 14 días.


Lo aconsejable es seguir un orden determinado para incluir los nuevos alimentos, en el cual se incluirán primero cereales sin gluten, posteriormente fruta, verdura, pescado, carne y por último, huevos. Los cereales sin gluten que se suelen incluir son el arroz y el maíz, ya que habitualmente se toleran adecuadamente y son una excelente fuente de proteínas, lípidos saludables, hidratos de carbono, vitaminas y minerales. En cuanto a la fruta, debe incluirse poco a poco, prestando especial atención a la higiene y retirando la piel, tomando el triturado o zumo justo cuando se prepare para evitar el deterioro oxidativo del alimento. Las frutas mejor toleradas suelen ser la manzana, la pera, el plátano y el zumo de naranja. Las verduras son otra fuente de vitaminas excelente, aunque se deben evitar las verduras aromáticas, como el ajo o el espárrago, las verduras flatulentas como el brócoli, la col o la coliflor, así como las verduras que presenten altos niveles de nitratos, como las espinacas o las acelgas. No obstante, se recomienda incluir las judías verdes, el calabacín, la zanahoria, la calabaza y las patatas.


El puré de calabaza, debido a su sabor dulce ¡suele gustar bastante!

La alimentación de 6 a 9 meses


A partir de los 6 meses de edad los dientes comienzan a aparecer en las encías del bebé, justo en este momento también se producen cambios a nivel psicomotor, los cuales permiten que el niño soporte estar en sedestación sin asistencia, lo que hace posible que coma sentado en una trona, este hecho comienza a facilitar una alimentación diferente, ligeramente más independiente, en la cual se aconseja que el niño interactúe con la comida mediante el olor, el sabor, la textura, la exploración de los colores y la temperatura, así como las herramientas destinadas a la ingesta como puede ser la cuchara, el plato o el vaso. De esta manera facilitaremos que el cerebro del niño vaya familiarizándose con un momento crucial que le acompañará de por vida: El momento de comer. A partir de los 7 meses es posible introducir nuevos alimentos, en este sentido, se puede incluir cereales que contengan gluten, aunque no hay que olvidar que el gluten es una proteína que debe introducirse de forma progresiva y gradual, supervisando la respuesta del organismo del sietemesino. Hablando de proteínas, en esta etapa se comienza a incluir dos fuentes de proteína animal: La carne y el pescado. En cuanto al orden de inclusión de estos alimentos se aconseja incluir primero la carne (a los 7 meses), priorizando la carne de pavo y de pollo, quitando la piel, y posteriormente la ternera, preferentemente las partes más magras y con menos grasa. Cuando el bebé llega a cumplir los 8-9 meses se puede probar a incluir pescado, preferentemente pescados poco grasos, como el gallo, la merluza o el lenguado.


La alimentación de 9 meses a 1 año


En esta etapa encontramos un momento de desarrollo increíble, en el cual podemos observar una gran cantidad de progresos en la capacidad psicomotora, lingüística, cognitiva y conductual.


El bebé pasa de estar atento al entorno más próximo a cruzar la sala de un sitio a otro explorando cada centímetro a su paso y descubriendo un mundo nuevo cada día, observándose también una mejora en la coordinación psicomotora oculomanual, lo que ayudará a un mejor manejo de los utensilios de comida y facilitará una mayor independencia en la ingesta de alimentos. Por este motivo, en esta etapa es importante ayudar a que el niño aprenda poco a poco a utilizar adecuadamente los utensilios de comida para que pueda comer de forma autónoma, ayuda bastante el juego simbólico con la cuchara en ocasiones ajenas a la comida.


Aunque la autonomía caracterice gran parte de esta etapa, es importante que el niño coma en familia, ya que no sólo es relevante qué comemos sino cómo comemos, de esta forma ayudaremos a que el niño interiorice el momento de comer como un espacio especial en el que se genera un vínculo relevante y único con su familia.


En cuanto a los alimentos que se pueden incluir, se puede comenzar a añadir carne de cerdo y jamón dulce en torno a los 10 meses, así como huevos, aunque es muy importante añadir sólo la yema cocida, ya que la clara del huevo en estas etapas tempranas puede provocar reacciones alérgicas.



¿Y a partir de los 12 meses de edad?


¡Enhorabuena!, tu hijo/a tiene a su disposición un sistema digestivo que puede digerir cualquier alimento sin problemas, es importante ofrecer una adecuada cantidad de hidratos de carbono, proteínas y grasas saludables para que su desarrollo físico, cognitivo, emocional, social y fisiológico sean los más adecuados. En el siguiente post hablaremos de la alimentación a partir de los 12 meses de edad, explicaré qué tipo de macronutrientes existen, así como qué fuentes de macronutrientes son las más saludables. Además trataremos la importancia de los micronutrientes y la relevancia de éstos en el desarrollo infantil. Y más adelante, nos meteremos de lleno en los aspectos clave para tener unos hábitos adecuados para disfrutar de la comida, así como los aditivos alimentarios y los productos a evitar.


Si quieres aprender más sobre cómo alimentar adecuadamente al cerebro de tu hijo/a, ¡presta atención a los siguientes posts!


Espero que hayas disfrutado de este post y que te haya resultado de ayuda.




¡Buen provecho!

Referencias bibliográficas:


Almarza, A. L., & Martínez, B. M. (2010). Alimentación del lactante sano. Protocolos diagnóstico- terapéuticos de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica SEGHNP-AEP, 311- 320.


Quintana, L. P., Mar, L. R., Santana, D. G., & González, R. R. (2010). Alimentación del preescolar y escolar. Junta Directiva de la SEGHNP. Protocolos diagnósticos y terapéuticos de g astroenterología, hepatología y nutrición pediátrica. 2ª Edición. España. Ergon SA, 297-305.


O'Donnell, A., Bengoa, J., Torun, B., Lara Pantín, E., & Peña, M. (1997). Nutrición y alimentación del niño en los primeros años de vida. OPS/OMS; CESNI; Fundación CAVENDES.




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