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Rabietas III: Herramientas para hacerles frente.

Te doy la bienvenida a la tercera entrada de uno de los temas más hablados y temidos en psicología infantil: las rabietas.


En las entradas anteriores expliqué el origen de las rabietas, donde pudimos entender las emociones implicadas, así como la utilidad de un episodio de rabieta, y el papel de la atención del adulto ante las rabietas, donde pudimos ver la relevancia que tiene la atención del adulto sobre las rabietas y la conducta del niño, así como aprender a distinguir una rabieta real de una "rabieta de uso".


Una vez comprendido lo explicado en las anteriores entradas os ofreceré herramientas para intervenir y prevenir las rabietas. Entes de empezar dejaré claro que las rabietas que deben ser "tratadas" con las estrategias que daré a continuación son las "rabietas de uso", es decir, aquellas rabietas que son utilizadas para conseguir algo de tal forma que las mismas suponen una conducta para nada natural y además desadaptativa. Este tipo de rabietas no se utilizan para liberar la tensión acumulada o "desahogar" la frustración del niño, por lo que una vez identificada, deberemos abordarla para extinguirla mediante las herramientas que explicaré a continuación.


Por otra parte, en cuanto a las rabietas "reales" o naturales, son normales y comunes en cualquier niño, son útiles, puesto que ayudan a liberar tensión y desahogan la sensación de frustración del niño, el cual no dispone de recursos cognitivos para inhibir y controlarse aún. Esta rabieta "real" supone una sensación desagradable (pero necesaria) para el niño, el cual deberá expresarla y superarla con nuestra ayuda y apoyo, simplemente estando a su lado y siendo empáticos y comprensivos, mientras le explicamos la razón de sus sensaciones.


Diferenciando las rabietas reales de las "rabietas de uso", procedo a explicar las estrategias para gestionar estas últimas.


Las "rabietas de uso" son comportamientos aprendidos desadaptativos que en su momento fueron útiles para conseguir algo. Un clásico ejemplo es el ejemplo de la piruleta. Un niño que tiene una rabieta en la cola de un supermercado tiene una rabieta para conseguir una piruleta y el adulto cede y se la compra con la esperanza de que la rabieta cese. En este momento la rabieta desaparece, pero en el cerebro del niño que ha recibido la piruleta se almacena un aprendizaje que versa así: "cuando tengo una rabieta consigo la piruleta". De esta manera, la próxima vez que este niño del ejemplo vea la piruleta recordará el aprendizaje del evento pasado y utilizará la rabieta para conseguir lo que quiere: la piruleta. A esto le llamamos "rabieta de uso", la cual deberemos extinguir. Para ello, el primer paso es identificar el origen o la demanda de la misma, es decir, el niño mediante la rabieta puede solicitar diferentes demandas. Puede ser una demanda material, como un juguete o una chuche, una demanda no material, como jugar en el parque o una demanda afectiva, como cariño o atención. Sea como fuere, si se solicita con una "rabieta de uso", no deberemos saciar su demanda si la muestra, ya que estaremos reforzando esa conducta. Aquí cabe destacar que las demandas de afecto o atención mediante rabietas deben analizarse más profundamente, ya que cualquier demanda de afecto deberá ser cubierta, aunque hay que tener en cuenta la situación y el comportamiento previo. Por ejemplo, Juanito está en casa, cuidado por su abuela y tanto su papá como su mamá están en el trabajo. Juanito echa de menos a su papá y su mamá y la frustración que experimenta al no poder estar con ellos le conduce a romper un jarrón y a tirar cuadros u objetos que se encuentra a su paso mientras hace referencia a su papá y su mamá. Aunque la escena es bastante dolorosa y nos remueva lo más profundo de nuestra empatía, debemos enseñar a Juanito otra forma de expresar esa frustración emocional, mediante el habla u otras emociones que faciliten una comunicación más adaptativa y sostenible. Una vez tranquilo y restaurado el daño causado, podremos ofrecerle cariño, amor y atención de sobra, de esta manera aprenderá a solicitar afecto de una forma adecuada.





Vale... Y ¿Qué hacemos con las "Rabietas de uso"?


Para hacer frente a las rabietas de uso pongo a vuestra disposición estrategias para intervenir y estrategias para prevenir. Aunque las estrategias que os explico son efectivas y tienen un efecto adecuado, no siempre funcionarán, ya que los niños son seres complejos y existen una amplia e infinita cantidad de variables que no podemos controlar tanto propias del niño, como del adulto, como de la situación o del momento. Pese a esta limitación, os ofrezco las estrategias consideradas como las herramientas más útiles y aplicables.


Estrategias de Intervención:

Devoluciones empáticas:


En el temido momento en el que veamos que la rabieta está a punto de aparecer podremos hacer uso de las devoluciones empáticas. Esta estrategia consiste en identificar la demanda del menor, así como el estado de emoción que siente (tipo de emoción e intensidad) y explicarle cómo se siente y por qué y ofrecerle una alternativa posterior. Ejemplo: María está como loca por estrenar su cometa nueva pero está lloviendo a mares... Mientras ella mira por la ventana con cara de enfado y comienza a mostrar signos de una rabieta inminente más potente que la tormenta que hay afuera, su mamá se acerca y le dice: Anda María, pareces enfadada... es normal que te sientas así, ya que tenías muchas ganas de volar tu comenta, ¿verdad? Yo también tenía muchas ganas pero está lloviendo y así no podemos volar la cometa porque se romperá. Aunque no podamos volar la cometa, podemos jugar a otra cosa en casa. Yo tengo muchas ganas de jugar contigo. Qué prefieres: ¿Jugar a las construcciones o a las casitas?


De esta manera, la mamá ayuda a conectar la parte emocional del cerebro de María con la parte racional, ayuda a comprender su estado emocional y le explica el origen del mismo. Acto seguido le dice que le comprende, incluyéndose en la sensación frustrante y le ofrece una alternativa a la situación que genera frustración. Es muy importante darle explicaciones lógicas, sinceras y reales, para así ayudar a comprender la situación.


Atención:


En la entrada "el papel de la atención del adulto" expliqué todo lo que debes saber para gestionar una rabieta mediante la atención que ofrecemos a nuestros hijos. Para aprender a cómo aplicarla, te animo a visitar esa entrada.


Refuerzo:


Cuando un niño pequeño es capaz de controlar una rabieta (aunque sea un mínimo) debemos comprender que hace un esfuerzo enorme para poder llevarlo a cabo. Cuando identifiquemos que nuestro/a hijo/a es capaz de autocontrolarse deberemos reforzarle ese comportamiento, diciéndole lo bien que se porta y lo importante que es para nosotros que se controle, ya que así podemos jugar con ellos y darles cariño. Los reforzadores más potentes, sostenibles y mejores son la atención, el cariño y pasar tiempo jugando con ellos. Nunca recomiendo hacer uso indebido de reforzadores materiales como los juguetes o las chuches.


Estrategias de prevención

Prevenir = entrenar, es decir, que cuando hablamos de prevención hacemos referencia a entrenar funciones y capacidades nuestro hijo. En este sentido, cuanto mejor entrenadas estén esas capacidades, mejor responderán ante las tan temidas rabietas.


Mejorar la tolerancia a la frustración:


Todo ser humano desde que nace siente la necesidad de conseguir algo que desea y de evitar algo que le provoca malestar. Durante el día a día de cualquier persona se deben posponer la consecución de deseos para la ejecución de responsabilidades y esto genera frustración. Pese a que la frustración sea una sensación desagradable, es necesario que desde muy pequeñitos nos consigamos acostumbrar a ella, ya que será vital para que en un futuro nos adaptemos mejor a la sociedad, seamos más autónomos y podamos conseguir nuestras metas. De esta manera, aunque nos genere frustración y malestar, debemos postergar el descanso cuando tenemos que trabajar, tenemos que madrugar para ir a trabajar, debemos cepillarnos los dientes aunque queramos ir a dormir o nos levantamos en medio de la noche para atender a nuestro hijo, aunque queramos descansar. En definitiva, a lo largo del día de toda nuestra vida existe una continua lucha entre el deseo de conseguir algo que necesitamos o que se nos apetece y la inhibición de los impulsos para conseguirlos para poder centrar nuestra conducta en tareas necesarias como trabajar, alimentarnos adecuadamente o respetar las normas sociales. Esta inhibición genera cierta frustración, pero es necesario aprender a vivir con ella y saber cómo manejarla y cuanto antes se comience, mejor.


¿Cómo podemos mejorar la tolerancia a la frustración?


Retrasar el acceso a lo que desea: Aumentar el tiempo entre lo que desea y su consecución, ayudará a que el cerebro de vuestro hijo aprenda a tolerar la frustración de esperar, ya que de esta manera aprenderá que esperar y experimentar tal frustración tiene su recompensa. De esta manera, en el día a día se pueden generar o aprovechar situaciones concretas para que se pueda aprender poco a poco a tolerar tal frustración.


Reforzar cuando se consiga esperar: Aunque no lo parezca, esperar 1 minuto más para conseguir lo que se desea es un esfuerzo increíble para un cerebro infantil. Este esfuerzo debe ser recompensado, no sólo ofreciéndole lo que desea, sino también sonriéndole y ofreciéndole unas palabras amables y sinceras. Poco a poco se deberá aumentar el intervalo de tiempo de espera hasta el tiempo deseado.


Darle a elegir entre varias opciones: Para ayudar a que vuestros hijos aprendan a que no pueden tener todo siempre, podemos ofrecerles alternativas (2-3 por ejemplo) y deberá elegir sólo 1 renunciando a la otra. Así su cerebro aprenderá a anticipar la frustración, tolerarla y aceptarla, al mismo tiempo que focaliza la atención en lo que sí ha podido conseguir.


Rol o "Fama"


El rol o la "fama" hacen referencia al concepto que tienen los demás sobre nosotros mismos. Este concepto que los demás nos exponen sobre nosotros mismos pasa a formar parte de nuestro autoconcepto, es decir, que lo que nos dicen los demás, es lo que creemos que somos y consecuentemente, actuamos en consecuencia a cómo somos. De esta manera, si un niño siempre escucha por parte de su familia, amigos, profesores y otras personas que es un niño travieso, malo, inquieto, que saca malas notas y que se porta mal, el niño terminará asumiendo el papel que el resto de personas les ha comentado, puesto que por una parte, todos necesitamos un concepto o un rol que asumir y por otra parte, las conductas atendidas por los demás se ven reforzadas. Por este motivo, es importante que cuando vayamos a cualquier sitio y hablemos con otros adultos expongamos las virtudes de nuestro hijo diciendo que es un campeón porque ayuda a recoger en casa, que es responsable porque sabe esperar y que se porta como los niños mayores porque sabe controlarse, lo que nos hace estar felices y contentos. De esta manera, el rol que asumirá nuestro hijo será el rol que contenga las conductas que no son compatibles con las rabietas.



Ahora ya tienes herramientas suficientes para poder prevenir y tratar las temidas rabietas. Espero que te haya servido de ayuda y te animo a ponerlas en práctica. Verás cómo poco a poco las estrategias dan sus frutos y podrás facilitar que tu hijo/a tenga una base emocional sólida sobre la que desarrollarse, crecer y ser feliz.







Referencias:

Montañés, M. C. (2005). Psicología de la emoción: el proceso emocional. Universidad de Valencia.

Bisquerra, R. (2011). Educación emocional. Propuestas para educadores y familias. Bilbao: Desclée de Brower.


Martínez Pérez, M. D. (2017). Trabajo de Investigación: Las Rabietas. PublicacionesDidácticas, 82(1), 462-469.


Bilbao, Á. (2015). El cerebro del niño explicado a los padres. Plataforma.




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"No hay nada más bonito que la sonrisa de un niño"

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